miércoles, 14 de septiembre de 2011
VIVIR DEL ERARIO PÚBLICO(II)
El día 5 de septiembre pasado, tras la movida que se concentró en las puertas del Instituto Andaluz del Flamenco (IAF) a mediados del mes de agosto, el consejero Plata y la directora de éste, recibieron a una legación de artistas, con Pansequito al frente, para intentar aclarar posturas respecto a las reivindicaciones de la Asociación de Artistas Flamencos (AAF), en torno al esfuerzo que esperan de la administración andaluza para generar más trabajo en el sector (?).
También ya supimos de sus discrepancias en cuanto a la falta de equidad encontrada en los responsables públicos, a la hora del reparto de los contratos que generan. Lo cual, se planteó con el ánimo sosegado y confianza, por el mero hecho de ser recibidos, tras tiempo demandándolo, para poner fin a tantas carencias profesionales en el sector, como la asociación flamenca manifestaba tener, sobre todo -insistían- a la hora de la igualdad de oportunidades, no teniendo claro quién es el que toma la decisión de contratar a los artista, o si su contratación venía obedeciendo a la demanda que les llegaba de quienes han organizado los festivales, una protección al fin al cabo que, para muchos –Felipe Benítez Reyes dixit- y estoy de acuerdo, trasciende lo artístico.
Esto ya fue expuesto a la directora del IAF, en una reunión con ella a finales de julio, pero se negó a admitir que existiese tal subjetividad y amiguismo. De ahí que, tras el encuentro con Paulino Plata, todo quedara en el aire a expensas de acercar posturas en otra reunión, en los próximos días, en torno a lo considerado posible. Caso de las nuevas generaciones; la incorporación del flamenco al sistema educativo a todos los niveles, incluido el universitario; la bolsa de trabajo primando a los artistas jóvenes que empiezan, como a los maduros que no estén al cabo en nuevas tecnologías.
Mucha tela que cortar, pues, no se ve claro que esto sea lo perseguido por los “indignados”, reivindicando al flamenco tradicional frente a las nuevas tendencias que lo devalúan, y lo separan del que ha sido considerado patrimonio de la humanidad, porque ellos “son los autores” de los valores que con esta consideración se ampara, y no “otros que se están aprovechando” introduciendo variantes que lo tergiversan. Y, lo que piden es un “reparto más equitativo” y menos “pares y nones” favoreciendo el amiguismo que la Junta niega.
Así las cosas, a ver quién concilia posturas porque, el dinero público escasea y, en justicia deberá servir para ayudar a quienes tienen menos recursos, por ser jóvenes, y no por mostrar visiones modernizadas de lo clásico, que es posible que atraigan a la masa, según denuncian, desvirtuando el mismo arte. Mas, si no trasgreden, hay que darlos a conocer para posibilitarles que entren en el mundo artístico, y ser algo dentro de él. Ésa es la cuestión, sin tener que emigrar a lugares donde se decide quién va a ser o no figura en el mundo del espectáculo, en función del márquetin que se ponga a su disposición y en beneficio sólo de inversores puntuales.
¿Que con estas miras haya que tener presente, además, a otros valores que tengan dejada atrás la etapa de su juventud? Pues también. Ahí tenemos en estos momentos a Yoko Komatsubara, de promoción por Japón, con ayuda del IAF. Algo que de hacerse bien redundará en beneficio de todos. En estos casos los que protestan tienen que ser más rigurosos midiendo, cuando reclaman, que no se puede ir en contra de éstas, o de otros asociados por el mero hecho de estar a la sazón siendo incluidos, para que entren ellos. Así, como en los procedimientos que siempre requerirán más inversión que la demandada por quienes por su edad tienen menos necesidades económicas que cubrir. Todo es susceptible de abarcar, aunque siempre siendo escrupulosos con el uso de unos recursos ahora más que nunca limitados. Exigiendo a los responsables políticos y al público que los respalde o no, apoquinando, cuando expongan su arte; a la vez de beneficiar a todos de cara al turismo, la actividad comercial, y el prestigio cultural.
También ya supimos de sus discrepancias en cuanto a la falta de equidad encontrada en los responsables públicos, a la hora del reparto de los contratos que generan. Lo cual, se planteó con el ánimo sosegado y confianza, por el mero hecho de ser recibidos, tras tiempo demandándolo, para poner fin a tantas carencias profesionales en el sector, como la asociación flamenca manifestaba tener, sobre todo -insistían- a la hora de la igualdad de oportunidades, no teniendo claro quién es el que toma la decisión de contratar a los artista, o si su contratación venía obedeciendo a la demanda que les llegaba de quienes han organizado los festivales, una protección al fin al cabo que, para muchos –Felipe Benítez Reyes dixit- y estoy de acuerdo, trasciende lo artístico.
Esto ya fue expuesto a la directora del IAF, en una reunión con ella a finales de julio, pero se negó a admitir que existiese tal subjetividad y amiguismo. De ahí que, tras el encuentro con Paulino Plata, todo quedara en el aire a expensas de acercar posturas en otra reunión, en los próximos días, en torno a lo considerado posible. Caso de las nuevas generaciones; la incorporación del flamenco al sistema educativo a todos los niveles, incluido el universitario; la bolsa de trabajo primando a los artistas jóvenes que empiezan, como a los maduros que no estén al cabo en nuevas tecnologías.
Mucha tela que cortar, pues, no se ve claro que esto sea lo perseguido por los “indignados”, reivindicando al flamenco tradicional frente a las nuevas tendencias que lo devalúan, y lo separan del que ha sido considerado patrimonio de la humanidad, porque ellos “son los autores” de los valores que con esta consideración se ampara, y no “otros que se están aprovechando” introduciendo variantes que lo tergiversan. Y, lo que piden es un “reparto más equitativo” y menos “pares y nones” favoreciendo el amiguismo que la Junta niega.
Así las cosas, a ver quién concilia posturas porque, el dinero público escasea y, en justicia deberá servir para ayudar a quienes tienen menos recursos, por ser jóvenes, y no por mostrar visiones modernizadas de lo clásico, que es posible que atraigan a la masa, según denuncian, desvirtuando el mismo arte. Mas, si no trasgreden, hay que darlos a conocer para posibilitarles que entren en el mundo artístico, y ser algo dentro de él. Ésa es la cuestión, sin tener que emigrar a lugares donde se decide quién va a ser o no figura en el mundo del espectáculo, en función del márquetin que se ponga a su disposición y en beneficio sólo de inversores puntuales.
¿Que con estas miras haya que tener presente, además, a otros valores que tengan dejada atrás la etapa de su juventud? Pues también. Ahí tenemos en estos momentos a Yoko Komatsubara, de promoción por Japón, con ayuda del IAF. Algo que de hacerse bien redundará en beneficio de todos. En estos casos los que protestan tienen que ser más rigurosos midiendo, cuando reclaman, que no se puede ir en contra de éstas, o de otros asociados por el mero hecho de estar a la sazón siendo incluidos, para que entren ellos. Así, como en los procedimientos que siempre requerirán más inversión que la demandada por quienes por su edad tienen menos necesidades económicas que cubrir. Todo es susceptible de abarcar, aunque siempre siendo escrupulosos con el uso de unos recursos ahora más que nunca limitados. Exigiendo a los responsables políticos y al público que los respalde o no, apoquinando, cuando expongan su arte; a la vez de beneficiar a todos de cara al turismo, la actividad comercial, y el prestigio cultural.
jueves, 1 de septiembre de 2011
VIVIR DEL ERARIO PÚBLICO
Siempre ha sido una aspiración no ajena al catálogo de posibles salidas para los jóvenes licenciados en cualquier profesión, la de un empleo en la administración pública, ya que tal logro, superada la consiguiente oposición concursal, tiene aún -veremos lo que nos depara el futuro al paso que van las cosas en cuanto a los recursos económicos- una consideración elevada para cualquier aspirante, por la consabida seguridad de futuro que otorga el peculio laboral y el correspondiente puesto de trabajo ganado, respecto a la débil confianza depositada en los de la empresa privada y la iniciativa propia.
Y esta mencionada fe en lo público, históricamente, se ha ido transmitiendo de generación en generación y, a otras dedicaciones laborales que se han incorporado, abriendo un abanico de ofertas a muchos trabajadores con diferentes oficios que, aun teniendo un puesto de trabajo en lo privado o como autónomo, presentan solicitudes en la administración para descargarse de la incertidumbre que tienen en la dedicación que les ocupa. Así los encontraremos esperanzados en función de su competencia laboral para colocarse en hospitales, centros médicos; en la enseñanza: ya en la primaria, institutos, o facultades universitarias; en centros cívicos, etc.
Mas, teniendo en cuenta que las autonomías, consistorios municipales, y otras dependencias políticas, han venido disponiendo, desde la conformación del sistema democrático y otrora con la pertenencia a la Unión Europea, de fondos económicos para ser invertidos tanto en el fomento del deporte como en cultura, en Andalucía -a propósito de aquélla-, en el arte flamenco, para llevarlo al gran público, reflejándolo esto, amén de lo antedicho, en la promoción de nuevos valores a través de certámenes, conciertos, y espectáculos, donde la juventud ha tenido un protagonismo importante, como a su vez las figuras más notables dentro del panorama, dando cabida a todas las disciplinas expuestas mediante el cante, el toque, y el baile.
Pero hete aquí que la insoslayable crisis arrasando las arcas de las instituciones públicas, como era de esperar, también ha tocado a la cultura; comprobándose que en estos casos lo trascendental cede espacio a lo prosaico, dejando al descubierto las carencias que están acusando los principales protagonistas de tan singular arte, ya patrimonio de la humanidad, sin el beneficioso amparo que tanta vidilla les ha dado, propiciando que en ellos afloren sentimientos donde lo noble no está siendo precisamente lo que predomine. Así, agravios comparativos y celos bastardos hacia los mismos colegas de profesión que, mientras ellos disfrutaban del dispendio que los distinguía, no se manifestaba, para vindicar a tantos compañeros que fueron menos favorecidos entonces.
Cierto que para manifestar sus quejas ante los estamentos oficiales, lo más eficiente sea convocar al gremio intentando hacer fuerza con la presencia de todos, pero esta unidad no va a producirse si algunos no hacen nada más que señalar a esos otros que, según ellos, son los privilegiados. Y es verdad que, en igualdad de condiciones, en espectáculos gratuitos que se van a financiar solo con el erario público, deben establecerse bolsas de contratación para tales acontecimientos, y por riguroso orden sean incluidos esos que se presten a participar cuando les toque, pero, si de lo que se trata es de ponerlos en cartel, anunciándolos a la afición que esté dispuesta a pasar por taquilla, aun recibiendo alguna subvención, lo único que se debe primar es que la programación que incluya a esos elegidos sea rentable y se costee con las mínimas ayudas oficiales. Lo demás, dependerá de cada artista -menos envidioso-, esforzándose en ser el más creativo y atractivo para los gustos que demanda el respetable que ha de tocarse el bolsillo. Y más cosas, que podremos mencionar en otra ocasión.
Y esta mencionada fe en lo público, históricamente, se ha ido transmitiendo de generación en generación y, a otras dedicaciones laborales que se han incorporado, abriendo un abanico de ofertas a muchos trabajadores con diferentes oficios que, aun teniendo un puesto de trabajo en lo privado o como autónomo, presentan solicitudes en la administración para descargarse de la incertidumbre que tienen en la dedicación que les ocupa. Así los encontraremos esperanzados en función de su competencia laboral para colocarse en hospitales, centros médicos; en la enseñanza: ya en la primaria, institutos, o facultades universitarias; en centros cívicos, etc.
Mas, teniendo en cuenta que las autonomías, consistorios municipales, y otras dependencias políticas, han venido disponiendo, desde la conformación del sistema democrático y otrora con la pertenencia a la Unión Europea, de fondos económicos para ser invertidos tanto en el fomento del deporte como en cultura, en Andalucía -a propósito de aquélla-, en el arte flamenco, para llevarlo al gran público, reflejándolo esto, amén de lo antedicho, en la promoción de nuevos valores a través de certámenes, conciertos, y espectáculos, donde la juventud ha tenido un protagonismo importante, como a su vez las figuras más notables dentro del panorama, dando cabida a todas las disciplinas expuestas mediante el cante, el toque, y el baile.
Pero hete aquí que la insoslayable crisis arrasando las arcas de las instituciones públicas, como era de esperar, también ha tocado a la cultura; comprobándose que en estos casos lo trascendental cede espacio a lo prosaico, dejando al descubierto las carencias que están acusando los principales protagonistas de tan singular arte, ya patrimonio de la humanidad, sin el beneficioso amparo que tanta vidilla les ha dado, propiciando que en ellos afloren sentimientos donde lo noble no está siendo precisamente lo que predomine. Así, agravios comparativos y celos bastardos hacia los mismos colegas de profesión que, mientras ellos disfrutaban del dispendio que los distinguía, no se manifestaba, para vindicar a tantos compañeros que fueron menos favorecidos entonces.
Cierto que para manifestar sus quejas ante los estamentos oficiales, lo más eficiente sea convocar al gremio intentando hacer fuerza con la presencia de todos, pero esta unidad no va a producirse si algunos no hacen nada más que señalar a esos otros que, según ellos, son los privilegiados. Y es verdad que, en igualdad de condiciones, en espectáculos gratuitos que se van a financiar solo con el erario público, deben establecerse bolsas de contratación para tales acontecimientos, y por riguroso orden sean incluidos esos que se presten a participar cuando les toque, pero, si de lo que se trata es de ponerlos en cartel, anunciándolos a la afición que esté dispuesta a pasar por taquilla, aun recibiendo alguna subvención, lo único que se debe primar es que la programación que incluya a esos elegidos sea rentable y se costee con las mínimas ayudas oficiales. Lo demás, dependerá de cada artista -menos envidioso-, esforzándose en ser el más creativo y atractivo para los gustos que demanda el respetable que ha de tocarse el bolsillo. Y más cosas, que podremos mencionar en otra ocasión.
lunes, 22 de agosto de 2011
UN TAL WARREN BUFFETT
Naturalmente que la clase política este verano se lo ha tenido que tomar muy en serio; y en particular los que gobiernan, por lo menos los españoles, reduciendo o eliminando de sus agendas los lícitos y hasta convenientes días de asueto, opino que merecidos en casi todos los casos –aun contemplando a quienes tendríamos que negarle el pan y la sal-, por ser un ejercicio saludable y motivador para acometer después con mente despejada las tareas bajo su responsabilidad que, como a cualquier currelante obligan, se verán beneficiadas con la puesta a punto que probablemente les otorgará el paréntesis ocioso, en cuanto a la claridad de ideas que tanta falta les está haciendo.
Y es que la manida crisis que viene causando estragos –en tantos hogares de las clases sociales siempre desfavorecidas- desde hace cuatro años, no promete ausentarse, ni siquiera suavizarse, para dar un respiro y aliviar las esperanzas de tantas gentes que cada vez lo tienen peor para encontrar un puesto de trabajo, y unos ingresos para ir tirando, o cualquier ayuda para subsistir, paliando, en el mejor de los casos, la precariedad que se ha instalado en sus vidas y que está cercenando ilusiones y proyectos que de no cambiar el panorama económico nunca van a alcanzar. Negro horizonte, para al menos un plazo inmediato, si los pronósticos de los gurús que analizan los mercados financieros son tan oscuros, sobre todo en cuanto a las demandas sociales y al crecimiento del empleo.
Calamidad que no sólo amenaza a nuestro país, sino que incluye al resto de los socios de la Unión Europea –incluída Alemania que ya ha visto frenada la productividad de la que se ufanaban-; y por las últimas noticias la propia USA, no viéndose a salvo de esta ola que amenaza con llevarnos a todos por delante –ahí está el nuevo desplome en cadena de las Bolsas mundiales, en estos días-, dejando impasibles, como si no fuera con ellos, a tanto especulador de profesión, ante la aberrante impotencia de los gobiernos que no atajan, por razones que se me escapan, tales comportamientos que suponen la espada de Damocles que pende sobre el mundo. Claro, Rodriguez Zapatero hace lo que le dejan, por ejemplo, convocar un consejo de ministros el pasado día 19, desdiciéndose de lo de meses atrás con medidas que van a servir de poco, por más que rebaje el iva a las viviendas nuevas, junto a la patética subida de impuestos a las sociedades que más facturen, amén de meternos en cintura con más recortes respecto a los medicamentos de marca por genéricos de la seguridad social.
Pero ojo, sin dejar de amenazar con otros incrementos fiscales a los que no tenemos escapatoria estando en manos de Hacienda, cosa que no afectará a los dueños del cotarro, enriquecidos con el río revuelto que sus especulaciones han provocado. Y ahí, el tal Warren Buffett abriendo la caja de los truenos, para dejarnos perplejos por la poca repercusión que han tenido las declaraciones de este tercer hombre más rico del planeta, según la revista Forbes, arremetiendo contra la administración de Estados Unidos -podría trasladarse en la nuestra también-, en un alarde que le honra, para que deje de “mimar” a todos los que como él, pertenecientes al club de los acaparadores de bienes terrenales, se escaquean con políticas fiscales eximentes, mientras el resto de los mortales tienen que asumir los costos de los estropicios económicos que están llevando al mundo, una vez más, a la banca rota. Veánse los tejemanejes de una de las ínclitas agencias calificadoras de finanzas, Standard & Poor, que mintió como un bellaco en la debacle de 2008, ocultando datos que hubiesen dejado al descubierto a los mercaderes de marras.
Es lo que hay: medios de comunicación sólo para sevir a quienes los poseen y no como servicio público. Luego se quejarán de que los de las administraciones públicas les hacen competencia desleal, y por tanto, lo mejor –para ellos, claro-, hacerlos desaparecer.
Y es que la manida crisis que viene causando estragos –en tantos hogares de las clases sociales siempre desfavorecidas- desde hace cuatro años, no promete ausentarse, ni siquiera suavizarse, para dar un respiro y aliviar las esperanzas de tantas gentes que cada vez lo tienen peor para encontrar un puesto de trabajo, y unos ingresos para ir tirando, o cualquier ayuda para subsistir, paliando, en el mejor de los casos, la precariedad que se ha instalado en sus vidas y que está cercenando ilusiones y proyectos que de no cambiar el panorama económico nunca van a alcanzar. Negro horizonte, para al menos un plazo inmediato, si los pronósticos de los gurús que analizan los mercados financieros son tan oscuros, sobre todo en cuanto a las demandas sociales y al crecimiento del empleo.
Calamidad que no sólo amenaza a nuestro país, sino que incluye al resto de los socios de la Unión Europea –incluída Alemania que ya ha visto frenada la productividad de la que se ufanaban-; y por las últimas noticias la propia USA, no viéndose a salvo de esta ola que amenaza con llevarnos a todos por delante –ahí está el nuevo desplome en cadena de las Bolsas mundiales, en estos días-, dejando impasibles, como si no fuera con ellos, a tanto especulador de profesión, ante la aberrante impotencia de los gobiernos que no atajan, por razones que se me escapan, tales comportamientos que suponen la espada de Damocles que pende sobre el mundo. Claro, Rodriguez Zapatero hace lo que le dejan, por ejemplo, convocar un consejo de ministros el pasado día 19, desdiciéndose de lo de meses atrás con medidas que van a servir de poco, por más que rebaje el iva a las viviendas nuevas, junto a la patética subida de impuestos a las sociedades que más facturen, amén de meternos en cintura con más recortes respecto a los medicamentos de marca por genéricos de la seguridad social.
Pero ojo, sin dejar de amenazar con otros incrementos fiscales a los que no tenemos escapatoria estando en manos de Hacienda, cosa que no afectará a los dueños del cotarro, enriquecidos con el río revuelto que sus especulaciones han provocado. Y ahí, el tal Warren Buffett abriendo la caja de los truenos, para dejarnos perplejos por la poca repercusión que han tenido las declaraciones de este tercer hombre más rico del planeta, según la revista Forbes, arremetiendo contra la administración de Estados Unidos -podría trasladarse en la nuestra también-, en un alarde que le honra, para que deje de “mimar” a todos los que como él, pertenecientes al club de los acaparadores de bienes terrenales, se escaquean con políticas fiscales eximentes, mientras el resto de los mortales tienen que asumir los costos de los estropicios económicos que están llevando al mundo, una vez más, a la banca rota. Veánse los tejemanejes de una de las ínclitas agencias calificadoras de finanzas, Standard & Poor, que mintió como un bellaco en la debacle de 2008, ocultando datos que hubiesen dejado al descubierto a los mercaderes de marras.
Es lo que hay: medios de comunicación sólo para sevir a quienes los poseen y no como servicio público. Luego se quejarán de que los de las administraciones públicas les hacen competencia desleal, y por tanto, lo mejor –para ellos, claro-, hacerlos desaparecer.
jueves, 11 de agosto de 2011
SOMALIA.
La sobrevenida quiebra de la economía, que ha sostenido el estado del bienestar de los llamados países del primer mundo, ha puesto de manifiesto la insolente autoimportancia, y autoignorada estúpidez, que se conceden los naturales de esa parte del planeta, poniendo el grito en el cielo por la suerte con la que tendrán que lidiar si los mercados financieros no encuentran garantía para seguir fiándose de la solvencia que les ha permitido vivir como si todo el mundo fuese de su propiedad –claro que quienes lo pagarán, como siempre, serán las capas que viven con lo justo. De ahí que en los mass media no quepan más lamentos que los emitidos por los que todavía siguen disfrutando del usufruto de los bienes universales, oséase, los pudientes de toda la vida, que aquí, al final, estamos donde siempre, o a eso nos quieren devolver.
Mas, ante tanto desatino y autocomplacencia ignorando a los semejantes, cómo osar mirar a cielo esperando un milagro, cuando en nuestro entorno vienen coexistiendo estos pueblos sumidos en la tragedia, envidiándonos, sin conseguir conjurar la maldición que les lastra la existencia ni llamar nuestra atención, si no es sólo cuando la desgracia es tan sangrante y contundente persistiendo la calamidad que impide soslayar por más tiempo su gravedad, dar lugar a que algunos noticiarios se dignen contar catástrofes como el terremoto de Haití, o las muchas otras, por diferentes razones, que sufren algunos pueblos africanos. A la sazón el clamoroso caso de Somalia que, por los 29.000 niños menores de cinco años que han sucumbido a causa de la hambruna derivada de las últimas sequías, no ha merecido tal tratamiento.
Lo peor, de los recien pasados sesenta años, es la malnutrición que en estos momentos, según la ONU, contabiliza a 640 mil infantes somalíes que incrementarán la lista de los que, ojalá sea verdad que están en mejor vida, la providencia no protegió en este valle de Josafaf. Es la triste realidad, que seguirá de permanente actualidad si el mundo sigue mirando para otro lado y no se conmueve con el drama que padecen más de tres millones de personas en aquella región de África. Todo, con la excusa de que llevar ayuda a Somalia es difícil porque milicias islámicas, afines a las estrategias de Al-Qaeda frente a Occidente, controlan gran parte de las zonas más afectadas por la sequía, negando la mayor, e impidiendo el acceso a quienes podrían proveer de medios del Programa Mundial de Alimentos.
Y, lo más grave aún está por venir, tal lo ve el director de este programa en Etiopía, dado que la situación se extenderá por otras zonas del territorio, donde ya han comenzado las huídas para refugiarse en los países vecinos, intentando sobrevivir en campamentos, contando con las ayudas que la comunidad internacional le preste, aun las dificultades que ésta encuentra para recaudar fondos de quienes están comprometidos, caso de la Unión Africana, para prevenir que los efectos climáticos del momento y los eventuales en el futuro, se atajen. Así, ésta ha convocado una cumbre para el 25 de agosto próximo con el afán de recabar fondos de donantes que palien y fomenten iniciativas que eviten estas plagas.
No será nada fácil dada la situación de crisis económica que atravesamos; y esto será un argumento para excusarse y eludir responsabilidades por parte de estados –ahí está el manido 0,7 que ya hasta huele, pero nadie los suelta-, empresas, industrias, y las mismas ONGs, hasta ahora implicados. Y es que a la fecha, según la ONU, se han invertido centenares de millones, empero, se siguen necesitando más centenares de millones o tendremos sobre nosotros otro cargo de conciencia que añadir a nuestra lista de egoísmos, siendo cómplice de quienes sólo estuvieron atentos para esquilmarlos.
Mas, ante tanto desatino y autocomplacencia ignorando a los semejantes, cómo osar mirar a cielo esperando un milagro, cuando en nuestro entorno vienen coexistiendo estos pueblos sumidos en la tragedia, envidiándonos, sin conseguir conjurar la maldición que les lastra la existencia ni llamar nuestra atención, si no es sólo cuando la desgracia es tan sangrante y contundente persistiendo la calamidad que impide soslayar por más tiempo su gravedad, dar lugar a que algunos noticiarios se dignen contar catástrofes como el terremoto de Haití, o las muchas otras, por diferentes razones, que sufren algunos pueblos africanos. A la sazón el clamoroso caso de Somalia que, por los 29.000 niños menores de cinco años que han sucumbido a causa de la hambruna derivada de las últimas sequías, no ha merecido tal tratamiento.
Lo peor, de los recien pasados sesenta años, es la malnutrición que en estos momentos, según la ONU, contabiliza a 640 mil infantes somalíes que incrementarán la lista de los que, ojalá sea verdad que están en mejor vida, la providencia no protegió en este valle de Josafaf. Es la triste realidad, que seguirá de permanente actualidad si el mundo sigue mirando para otro lado y no se conmueve con el drama que padecen más de tres millones de personas en aquella región de África. Todo, con la excusa de que llevar ayuda a Somalia es difícil porque milicias islámicas, afines a las estrategias de Al-Qaeda frente a Occidente, controlan gran parte de las zonas más afectadas por la sequía, negando la mayor, e impidiendo el acceso a quienes podrían proveer de medios del Programa Mundial de Alimentos.
Y, lo más grave aún está por venir, tal lo ve el director de este programa en Etiopía, dado que la situación se extenderá por otras zonas del territorio, donde ya han comenzado las huídas para refugiarse en los países vecinos, intentando sobrevivir en campamentos, contando con las ayudas que la comunidad internacional le preste, aun las dificultades que ésta encuentra para recaudar fondos de quienes están comprometidos, caso de la Unión Africana, para prevenir que los efectos climáticos del momento y los eventuales en el futuro, se atajen. Así, ésta ha convocado una cumbre para el 25 de agosto próximo con el afán de recabar fondos de donantes que palien y fomenten iniciativas que eviten estas plagas.
No será nada fácil dada la situación de crisis económica que atravesamos; y esto será un argumento para excusarse y eludir responsabilidades por parte de estados –ahí está el manido 0,7 que ya hasta huele, pero nadie los suelta-, empresas, industrias, y las mismas ONGs, hasta ahora implicados. Y es que a la fecha, según la ONU, se han invertido centenares de millones, empero, se siguen necesitando más centenares de millones o tendremos sobre nosotros otro cargo de conciencia que añadir a nuestra lista de egoísmos, siendo cómplice de quienes sólo estuvieron atentos para esquilmarlos.
sábado, 23 de julio de 2011
RESPECTO AL FLAMENCO en el Festival de la Guitarra de Córdoba 2011.
Transcurrida una semana de la clausura, con ya la digestión hecha, hago una reflexión sobre los espectáculos vistos y disfrutados; ambas cosas en todos, que no siempre se dan, aunque cada uno se haya ganado su puesto en mi particular ranking. Y puede ser un ejercicio sano para corregir, si procede, si la memoria guardó las impresiones recibidas al instante de producirse, que no tienen porque ser las más precisas, puesto que, sobre la marcha, el estado anímico puede verse condicionado por muchas circunstancias, que tenidas en cuenta después, en su visión de conjunto, podrán alterar el juicio a vote pronto emitido.
Así, en principio, los recintos donde se celebran contribuirán a predisponer; igual que la climatología, y el público que concurre; es inevitable. Por tanto, el desarrollo de cada evento no sólo es susceptible de verse afectado, sino que la misma concurrencia podrá tener sensaciones dispares, y por ello las conclusiones finales de cada cual, confrontadas, estarán distanciadas. Si no, hagan la prueba sentándose en la parte delantera o en las gradas del mirador del auditorio al aire libre; un poner. Está comprobado que hay formas de percibir según unas localidades y otras. También en los recintos cerrados, pero en los abiertos como La Axerquía, por su dimensión, se hace más patente.
Y con estas consideraciones comienzo remitiéndome al de Vicente Amigo, donde, los que estábamos en las sillas del lateral izquierdo del aforo, próximos al ambigú de la parte baja, pasamos toda la función sometidos al trasiego que no cesó de quienes no previeron, antes del comienzo, aprovisionarse para así no privarse del objeto principal que les indujo a sacar su localidad para estar presentes en tal espectáculo. ¿Qué pasaba? O eran culillos de mal asiento, o lo que sucedía en el escenario les cansaba. ¿Cuál será la crítica de éstos, respecto a lo que presenciaron? También, mirando otro aspecto de la función, cómo no protestar por la atención que se le prestó al sonido que servía a la voz de Javier Latorre. Su recitado no se entendió ni en las primeras filas.
El encuentro con Javier Barón produjo en más de un asistente un cierto bochorno ajeno. Cómo es posible que en una provincia como la cordobesa, que se precia de una aquilatada afición flamenca, sólo asistieran los que ocuparon la mitad de las localidades del aforo del Gran Teatro. Inconprensible, porque no se trata del gran público, que allí no cabría, sino de los afines a esta manifestación artistica, dada la figura en ciernes que se presentaba y el elenco nada desconocido que le aompañaba. Al que se perdieron, como también a un David Palomar, inédito por estos lares recitando, y exhibiendo cualidades rapsodas desconocidas.
Con Rocío Molina, quienes asistimos sin ninguna predisposición a su espectáculo, saldríamos sorprendidos y con el deseo de ampliar nuestro horizonte y el campo de visión donde el flamenco podrá expandirse sin complejos de cometer desafueros. A esta artista hay que tenerla en cuenta.
¡Ay! Y menos mal que nos esperaba Víctor Monge Serranito, porque se las trae que, en un festival de la guitarra, la dimensión flamenca del instrumento de las seis cuerdas se limite a presentar a un sólo intérprete, por más que sea de la talla del que nos ocupa, y en una geografía donde la guitarra tiene tantos seguidores, e inducidos imitadores de los maestros que tanta gloria le han dado.
Que el bailaor Joaquín Cortés es genial no lo discutiré yo, y que además es un artista dotado para el espectáculo y, probablemente, para colocar la danza a niveles admirables, tampoco, pero, su representación no fue lo que muchos esperábamos en su tierra natal, al hilo del Festival que lo incluyó. Y, desde luego, reproche también para sus paisanos, por los clamoroso huecos del aforo, aún la buena entrada conseguida.
Así, en principio, los recintos donde se celebran contribuirán a predisponer; igual que la climatología, y el público que concurre; es inevitable. Por tanto, el desarrollo de cada evento no sólo es susceptible de verse afectado, sino que la misma concurrencia podrá tener sensaciones dispares, y por ello las conclusiones finales de cada cual, confrontadas, estarán distanciadas. Si no, hagan la prueba sentándose en la parte delantera o en las gradas del mirador del auditorio al aire libre; un poner. Está comprobado que hay formas de percibir según unas localidades y otras. También en los recintos cerrados, pero en los abiertos como La Axerquía, por su dimensión, se hace más patente.
Y con estas consideraciones comienzo remitiéndome al de Vicente Amigo, donde, los que estábamos en las sillas del lateral izquierdo del aforo, próximos al ambigú de la parte baja, pasamos toda la función sometidos al trasiego que no cesó de quienes no previeron, antes del comienzo, aprovisionarse para así no privarse del objeto principal que les indujo a sacar su localidad para estar presentes en tal espectáculo. ¿Qué pasaba? O eran culillos de mal asiento, o lo que sucedía en el escenario les cansaba. ¿Cuál será la crítica de éstos, respecto a lo que presenciaron? También, mirando otro aspecto de la función, cómo no protestar por la atención que se le prestó al sonido que servía a la voz de Javier Latorre. Su recitado no se entendió ni en las primeras filas.
El encuentro con Javier Barón produjo en más de un asistente un cierto bochorno ajeno. Cómo es posible que en una provincia como la cordobesa, que se precia de una aquilatada afición flamenca, sólo asistieran los que ocuparon la mitad de las localidades del aforo del Gran Teatro. Inconprensible, porque no se trata del gran público, que allí no cabría, sino de los afines a esta manifestación artistica, dada la figura en ciernes que se presentaba y el elenco nada desconocido que le aompañaba. Al que se perdieron, como también a un David Palomar, inédito por estos lares recitando, y exhibiendo cualidades rapsodas desconocidas.
Con Rocío Molina, quienes asistimos sin ninguna predisposición a su espectáculo, saldríamos sorprendidos y con el deseo de ampliar nuestro horizonte y el campo de visión donde el flamenco podrá expandirse sin complejos de cometer desafueros. A esta artista hay que tenerla en cuenta.
¡Ay! Y menos mal que nos esperaba Víctor Monge Serranito, porque se las trae que, en un festival de la guitarra, la dimensión flamenca del instrumento de las seis cuerdas se limite a presentar a un sólo intérprete, por más que sea de la talla del que nos ocupa, y en una geografía donde la guitarra tiene tantos seguidores, e inducidos imitadores de los maestros que tanta gloria le han dado.
Que el bailaor Joaquín Cortés es genial no lo discutiré yo, y que además es un artista dotado para el espectáculo y, probablemente, para colocar la danza a niveles admirables, tampoco, pero, su representación no fue lo que muchos esperábamos en su tierra natal, al hilo del Festival que lo incluyó. Y, desde luego, reproche también para sus paisanos, por los clamoroso huecos del aforo, aún la buena entrada conseguida.
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